Un lugar para aprender, un futuro que esperar

En una tranquila comunidad a las afueras de Lubumbashi, Congo, el sueño de la educación a menudo parece imposiblemente lejano. Las escuelas urbanas —demasiado caras y distantes— simplemente no son una opción para muchas familias. Pero durante años, los padres mantuvieron la esperanza, pidiendo una escuela franciscana donde sus hijos pudieran aprender, crecer y forjar un futuro. 

Respondiendo a este llamado, el P. Zabulon Furume Kabonwa y el Hno. André Murhabale Barhayiga comenzaron a fabricar ladrillos cocidos localmente, decididos a construir una escuela. A pesar de los desafíos de la pandemia, construyeron nueve aulas y recibieron a los primeros estudiantes para el año escolar 2022-2023.

Una creciente necesidad de más aulas

El Complejo Escolar Africano San Benito, que incluye una guardería, una escuela primaria y una secundaria, se convirtió rápidamente en un faro de esperanza. Con 532 alumnos y la cifra seguía aumentando, las aulas estaban abarrotadas, algunas con capacidad para hasta 65 niños a la vez. Los profesores dividían a los alumnos en turnos de mañana y tarde, haciendo todo lo posible, pero la realidad era clara: necesitaban más espacio.

Expansión para atender a más estudiantes

Para satisfacer esta creciente demanda, el P. Zabulón y el Hno. André, junto con los frailes y hermanas del colegio, solicitaron apoyo para construir nueve aulas adicionales, un edificio administrativo y dos bloques de baños. Esta ampliación crearía espacio para más estudiantes, clases más pequeñas y un entorno de aprendizaje donde tanto niños como profesores pudieran prosperar. 

Su visión era simple:  

  • Un aula para cada grado.
  • Suficiente espacio para que los niños aprendan y estudien, reduciendo al mismo tiempo los riesgos para la salud.     
  • Un lugar donde los profesores pudieran ver y apoyar a cada estudiante.
  • Una educación que fomente el crecimiento humano, cristiano e intelectual que no sólo forme mentes jóvenes, sino también futuros líderes.

Un nuevo comienzo alegre

En agosto de 2024, se inauguró la nueva ampliación de la escuela y toda la comunidad se reunió para celebrar. Cantaron juntos, recibieron la comunión y compartieron la ilusión de un futuro mejor.   

Gracias a la generosidad de los donantes, más niños recibirán la educación que antes parecía inalcanzable. Aprenderán. Tendrán esperanza. Se convertirán en algo más grande que sus circunstancias, y eso lo cambia todo.